“Stronger For It” es el nuevo álbum de Janiva Magness, una estrella mundial del blues con un público fiel cada vez más amplio. La multi galardonada artista (“BB King Entertainer” del Año en el 2009, Artista Femenina del del Año en 2006 y 2007) es una de las vocalistas más originales y con más fuerza del blues y soul contemporáneo. En este nuevo trabajo Janiva canta como nunca, e incluye tres composiciones suyas, “There is It”, “I Won’t cry” y “Whistlin' in the Dark”, co-escritas con el productor David Darling, cosa que no hacía desde 1997, con el tema “Good Car” en el su álbum de debut “Take one to know one”. y que son sin duda, tres de las canciones más potentes del álbum. El álbum se completa, como habitualmente hace la blueswoman de Detroit, con versiones muy bien escogidas de grandes artistas, en este caso de Tom Waits, Shelby Lynne, Buddy and Julie Miller, Matthew Sweet, Grace Potter, etc
Lista de canciones:
01. Janiva
Magness - There It Is
02. Janiva
Magness - I Won't Cry
03. Janiva
Magness - Make It Rain
04. Janiva
Magness - Whistlin' In The Dark
05. Janiva
Magness - I'm Alive
06. Janiva
Magness - Ragged Company
07. Janiva
Magness - You Got What You Wanted
08. Janiva
Magness - I Don't Want To Do Wrong
09. Janiva
Magness - Thought I Knew You
10. Janiva
Magness - Dirty Water
11. Janiva
Magness - Things Left Undone
12. Janiva Magness - Whoop And Holler
Alligator Records.
En 1969, mientras Los Beatles se separaban y el single con
“Get Back” llegaba al primer puesto de ventas en Inglaterra, Paul McCartney
producía el primer disco de larga duración de una cantante galesa que le había
presentado la modelo Twiggy. La carrera de Mary Hopkin, que tuvo como primer
estandarte una canción del propio McCartney que Los Beatles nunca grabaron
oficialmente, “Goodbye”, fue fugaz. No es eso, en todo caso, lo que importa
sino el repertorio que el músico había elegido para ella: viejas canciones de
Broadway. La música de las radios de su infancia. Las canciones que se
cantaban, en familia, en las fiestas de Año Nuevo. Postcard, ese disco ya
olvidado, permitía espiar su enciclopedia, como si se tratara de la biblioteca
privada de un gran escritor. Allí estaba gran parte de sus secretos.
Más de cuarenta años después, McCartney vuelve sobre la
misma idea. Pero esta vez el cantante es él mismo. Y el resultado de ese
regreso no podría ser más luminoso.
El disco, con bella presentación y producción del experto
Tommy LiPuma (responsable, entre otras cosas, del último regreso discográfico
de Miles Davis y factótum, en su momento, del despegue de una jovencísima
artista canadiense llamada Diana Krall), se llama Kisses on the Bottom y la frase proviene de una canción de Young y Ahlert que formaba
parte del repertorio de Fats Waller y abre el álbum. Una boutade, en todo caso,
que poco tiene que ver con la extrema elegancia del disco. En el reportaje que
se incluye en el librito, McCartney dice que en estas viejas canciones
encontraron, con LiPuma, un territorio en común. Cuenta cómo evitaron las más
obvias y de qué manera, entre ellos y la ahora célebre Krall, eligieron el
repertorio. Dice también que, en la manera de trabajar, encontró algo de lo que
sucedía en los primeros años de Los Beatles: John y él llegaban con una canción
que el resto no conocía, la tocaban, iban agregando cosas, se hacía el arreglo
sobre la marcha y se la grababa ese mismo día. Compara también a LiPuma con George
Martin: “Como él, conoce a los mejores músicos”.
Krall es la pianista; los arregladores son dos, el
legendario Johnny Mandel y Alan Broadbent, un músico de Los Angeles, fogueado
en la industria del cine e integrante también del Quartet West de Charlie
Haden. John Pizzarelli es el principal guitarrista, el excelente Mike Mainieri
aparece en el vibrafón, Robert Hurst toca el contrabajo y en la batería están
Karriem Riggins o Vinnie Colaiuta.
Los invitados no desentonan para nada: Andy Stein en violín
(notable en “Its Only a Paper Moon”), Stevie Wonder en armónica, Eric Clapton
en guitarra. Eso solo –y la voz, madura, exacta, y siempre sorprendente, de
McCartney– sería más que suficiente. Pero además, en Kisses on the Bottom hay
dos canciones que llevan la firma del ex beatle: “Only Our Hearts” y,
fundamentalmente, “My Valentine”, una de esas pequeñas piezas maestras que sólo
él podría haber compuesto y que jamás terminarán de agradecerse.
Considerada como una de las grabaciones más importantes de
la historia del jazz. Este disco de John Coltrane significa una síntesis de sus
exploraciones preliminares y la piedra de toque de toda la liberación musical
que emprendería en los dos años y medio de vida que le deparaba el futuro: bien
mezquino él, por lo demás. Grabado a fines de 1964 junto al clásico cuarteto de
Coltrane, Elvin Jones, Jimmy Garrison y McCoy Tyner. "A Love Supreme"
se convirtió en un éxito de ventas combinando concisión y prolijidad con
provocación y espiritualidad. El disco es una plegaria de treinta minutos
dividida en cuatro partes con una progresión temática y emocional que alcanza
su culminación en su conclusión.
Pasó como un suspiro. John William Coltrane nació en Nueva
York en Setiembre del ´26 y falleció en Julio del ´67. Tenía sólo 40 años, y si
embargo le alcanzó para subirse al podio de esos pocos tipos que logran cambiar
de raíces el sentido hacia donde va la música.
Believe me: John Coltrane fue un músico clave, que rompió
esquemas, y que su talento interpretativo con el saxo fue sólo superado por su
creatividad compositiva. Quizás, como acuerda la mayoría, junto a Louis
Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker y Miles Davis y algún otro, puede
afirmarse que se trató de uno de los mejores de la historia del jazz.
Te la hago corta. Trane, como lo llamaban los amigos,
refundó el estilo de hacer música con “A Love Supreme”. Allí se acabaron los
temas de 3 o 5 minutos, se experimentó e improvisó en grabaciones en estudios,
se combinaron saxos tenores y altos, y se cargaron de “mensaje” los fraseos
interminables y complejos que le eran característicos. Es a partir de Trane que
los solos de los instrumentos “viajan” sobre bases rítmicas definidas y
organizadas. Estas cuestiones técnicas, (que se podían reconocer antes en
Ellington por ejemplo), rompieron con el molde musical que luego daría origen
al rock experimental, y posteriormente, al progresivo. John se nutría de
sonidos hindúes o árabes para elaborar su música, y sobre una base “hard bop”
da nacimiento al conocido free jazz.
A Love Supreme fue uno de los discos más influyentes de la
historia. Y para explicarte el efecto que provocó, mejor te cito comentarios de
tipos a los que seguramente conocés.
Moby: A Love Supreme es seguramente uno de los discos más
bonitos y sublimes del siglo veinte.
Carlos Santana: La primera vez que oí A Love Supreme fue un
verdadero asalto. Para mí eso podía haber venido de Marte, o de cualquier otra
galaxia. Recuerdo la portada del álbum y el nombre, pero en ese momento la
música no encajó en las pautas que tenía en mi cerebro. Era como si alguien
intentara hablarle a un mono sobre espiritualidad u ordenadores, ¿sabes?,
simplemente no lo computé.
John McLaughlin: A Love Supreme ha sido el disco de mayor
influencia en mi carrera.
Bono (U2): Estaba en lo alto del Grand Hotel de Chicago [de
gira en 1987] escuchando A Love Supreme y aprendiendo la lección de toda una
vida. Momentos antes había estado viendo cómo unos telepredicadores rehacían a
Dios según su propia imagen: pequeños, insignificantes y codiciosos. La
religión se ha vuelto el enemigo de Dios, pensé… la religión es lo que quedó
cuando Dios, como Elvis, se fue de casa. Desde los primeros recuerdos que
guardo de mi vida, siempre he sabido que el mundo está girando en la dirección
contraria al amor y que yo también estoy atrapado en eso. Hay tanta maldad en
este mundo… pero la belleza es nuestro premio de consolación… la belleza de la
voz aflautada de Coltrane, sus susurros, su astucia, su sexualidad maliciosa,
su alabanza a la creación. Y de esta manera empecé a entender a Coltrane. Pulsé
el botón de repeat y me quedé despierto escuchando a un hombre enfrentándose a
Dios con el don de su música.
A Love Supreme compite -de alguna manera- con Kind Of Blue,
de Miles Davis. Los dos son contemporaneos. Los dos tienen la firma de
reconocidos héroes de la música. Sin embargo, Kind es un disco sencillo al oído
al lado de A Love Supreme. Trane obliga a escuchar una y otra vez su obra para
digerirla, desmenuzar sus contenidos, y disfrutarla.