Discos - Paul Mc Cartney - "Kisses on the bottom" (2012)
En 1969, mientras Los Beatles se separaban y el single con
“Get Back” llegaba al primer puesto de ventas en Inglaterra, Paul McCartney
producía el primer disco de larga duración de una cantante galesa que le había
presentado la modelo Twiggy. La carrera de Mary Hopkin, que tuvo como primer
estandarte una canción del propio McCartney que Los Beatles nunca grabaron
oficialmente, “Goodbye”, fue fugaz. No es eso, en todo caso, lo que importa
sino el repertorio que el músico había elegido para ella: viejas canciones de
Broadway. La música de las radios de su infancia. Las canciones que se
cantaban, en familia, en las fiestas de Año Nuevo. Postcard, ese disco ya
olvidado, permitía espiar su enciclopedia, como si se tratara de la biblioteca
privada de un gran escritor. Allí estaba gran parte de sus secretos.
Más de cuarenta años después, McCartney vuelve sobre la
misma idea. Pero esta vez el cantante es él mismo. Y el resultado de ese
regreso no podría ser más luminoso.
El disco, con bella presentación y producción del experto
Tommy LiPuma (responsable, entre otras cosas, del último regreso discográfico
de Miles Davis y factótum, en su momento, del despegue de una jovencísima
artista canadiense llamada Diana Krall), se llama Kisses on the Bottom y la frase proviene de una canción de Young y Ahlert que formaba
parte del repertorio de Fats Waller y abre el álbum. Una boutade, en todo caso,
que poco tiene que ver con la extrema elegancia del disco. En el reportaje que
se incluye en el librito, McCartney dice que en estas viejas canciones
encontraron, con LiPuma, un territorio en común. Cuenta cómo evitaron las más
obvias y de qué manera, entre ellos y la ahora célebre Krall, eligieron el
repertorio. Dice también que, en la manera de trabajar, encontró algo de lo que
sucedía en los primeros años de Los Beatles: John y él llegaban con una canción
que el resto no conocía, la tocaban, iban agregando cosas, se hacía el arreglo
sobre la marcha y se la grababa ese mismo día. Compara también a LiPuma con George
Martin: “Como él, conoce a los mejores músicos”.
Krall es la pianista; los arregladores son dos, el
legendario Johnny Mandel y Alan Broadbent, un músico de Los Angeles, fogueado
en la industria del cine e integrante también del Quartet West de Charlie
Haden. John Pizzarelli es el principal guitarrista, el excelente Mike Mainieri
aparece en el vibrafón, Robert Hurst toca el contrabajo y en la batería están
Karriem Riggins o Vinnie Colaiuta.
Los invitados no desentonan para nada: Andy Stein en violín
(notable en “Its Only a Paper Moon”), Stevie Wonder en armónica, Eric Clapton
en guitarra. Eso solo –y la voz, madura, exacta, y siempre sorprendente, de
McCartney– sería más que suficiente. Pero además, en Kisses on the Bottom hay
dos canciones que llevan la firma del ex beatle: “Only Our Hearts” y,
fundamentalmente, “My Valentine”, una de esas pequeñas piezas maestras que sólo
él podría haber compuesto y que jamás terminarán de agradecerse.
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